Música de la vieja escuela a la conquista de corazones nuevos

Palo Pandolfo y León Gieco, con sus shows en el festival, demostraron por qué siguen vigentes.


Hubo un momento entre tanto grupo revelación para aquellos que se preguntaban de qué vale ser la banda nueva. Viejos hippies, jóvenes de pelos largos y ganas de bailar, y todos aquellos a los cuales el nombre de Silversun Pickups le sonaba a camas solares y camionetas, se fueron acercando a partir de las 14.35 al escenario alternativo para ver el show de Palo Pandolfo y la Hermandad y luego se volcaron en masa para ver a León Gieco en el escenario principal. La vieja escuela de nuestro rock saliendo a la conquista de espíritus nuevos y frescos.
El ex Don Cornelio y La Zona salió a tocar con un sol radiante sobre su cabeza y una remera del grupo británico The Crumbs en el pecho. Presentaba ante una nutrida cantidad de espectadores los temas de Transformación, un disco que aquí catalogamos como uno de los mejores del año. Y lo supo sostener en vivo. Fueron una docena de canciones que navegaron del sonido pop del teclado de Gerardo Farez, al ritmo rockero, cumbiero, candombero y cancionero de Palo y sus hermanos musicales.
El show comenzó con dos temas de su flamante lanzamiento: Drácula y Morel, aunque fue con la frase "Ella vendrá y las heridas que marcan mi cara se secarán en su boca de agua", que los oídos de la vieja escuela se agudizaron y llegaron para bailar con el hit de Don Cornelio que Palo también sostuvo en su etapa con Los Visitantes. La pantalla de led soltaba paisajes urbanos, cielos y diseños tecnológicos para seguir la lista que tuvo otros temas de Transformación como Un reflejo, El leñador, Galáctica, Canción Cántaro (de Ritual Criollo, de 2008), Niña de metal y El Juego. Para el final se guardaba viejos himnos como Tazas de té chino, Playas oscuras y Estaré.
Música de la vieja escuela a la conquista de corazones nuevos
Palo Pandolfo en Lollapalooza 2017 el Hipódromo de San Isidro. Foto: Fernando de la Orden
"A cada persona se mide por el tamaño de su corazón", se iban coreando todos en trencito masivo para el escenario principal. Podría haber sido un guiño para León, que arrancaba su show con un público con mucha remera de Metallica. Siempre hubo complicidad entre Gieco y el metal, de hecho, fue telonero de la banda de San Francisco liderada por James Hetfield en su show de 2010 en River cuando presentaba León D-Mente en sociedad con el ex A.N.I.M.A.L. Andrés Giménez.
En esa sintonía rockera arrancó el rey de nuestra fauna musical su show. Distorsión y vértigo para Todos los caballos blancos en el lado metalero que León suele pelar en vivo. La lista de temas estuvo llena de canciones que sabemos todos: El país de la libertad, Los Salieris de Charly, La Bicicleta, La colina de la vida, Hombres de hierro. Padres y niños, todos cantando emocionados. Y Gieco tomó la palabra.
"Aunque ya está instalado en el país y en el mundo: Ni una menos. Después lo escucharán con la banda, pero primero quiero hacerlo yo. Van a ver mujeres que lucharon en todo el mundo". Con ese prólogo arrancó a cantar a capella Cinco siglos igual mientras por la pantalla circulaban fotos de Aimé Paime, la Madre Teresa de Calcuta, Alfonsina Storni, Eva Perón, Mercedes Sosa, Marilyn Monroe y Tita Merello. Quedaría para el final La Memoria -donde Gieco evocó a los nietos de desaparecidos, a quienes acompaña desde que eran "retoños"- y El Fantasma de Canterville. Y un bis con la canciòn de Porsuigieco, La mamá de Jimmy.

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